jueves, 3 de octubre de 2013

Primos

  Mierda. Ya la he vuelto a liar. – exclamó José buscando desesperadamente por los bolsillos de su mochila. – La que me he ganado… Nano me va a desollar esta vez…
-          ¿Qué te pasa? ¿Qué te has olvidado esta vez? – preguntó Quique que se estaba vistiendo a su lado. José, aún en calzoncillos, volcó la mochila de modo frenético en el banquillo en que estaban sentados. El resto de los chicos en el vestuario – la mayoría aún a medio vestir – echaron una ojeada y luego siguieron cambiándose de ropa. El partido había acabado y tras las duchas todos tenían ganas de irse a tomar un refresco.
José removió todo y al no encontrar nada, se sentó con cara de desesperación y se mesó el corto cabello castaño.
-          Mierda – repitió – Nano me va a desollar vivo cuando le diga que he vuelto a perder las llaves. Me prometió la correa si me volvía a pasar… y eso fue el jueves pasado!...  
Quique movió la cabeza mientras se ponía el pantalón a su lado.
-          Mira – dijo – si quieres, dejamos lo de estar juntos esta tarde… aunque no creo que sea tan grave como dices. Tu primo te adora un montón. Seguro que se limita a regañarte.
-          Eso era antes- dijo José Luis pasándose la mano por el pelo, cortado a cepillo. Era un guapo muchacho, de unos 19 años, con los ojos castaños muy luminosos. Si no guapo, era de rasgos agradables y sonrisa fácil y estaba en camino ya de convertirse en un buen mozo.  – Pero cuando cumplí los 18 me dijo que ya estaba bien de portarme como un crío… - Miró a su amigo dudando antes de seguir - …. Ya … - dudó y bajó la voz - .. ya me ha dado tres azotainas en lo que va de año…
Quique le miró. José estaba muy ruborizado y bajó la cabeza. Allí, sentado en calzoncillos en el banco, parecía más joven de lo que era y realmente vulnerable. Quique le puso la mano en el hombro para consolarle.
-          Bah, le dijo – intentando quitar importancia a la cosa. Miró alrededor. Aunque la mayoría de los chicos estaban ya vestidos algunos acababan de llegar de la ducha y estaban secándose – Mira – susurró a José – está claro que Rubén y Adolfo han cobrado no hace mucho. Aún tienen el culo marcado. – Luego se frotó sus propias nalgas bajo el pantalón – y te aseguro que papá no escatima los azotes cuando cree que me los he merecido… y todos sobrevivimos con ello. A lo mejor, si voy contigo, Nano no te castiga de momento. ¿Te parece?
José levantó la cabeza, con una súbita esperanza… pero luego la bajó negando. Estaba seguro que en cuanto Nano se enterase le esperaba una buena tunda, hubiera o no testigos,  y no estaba seguro de querer que Quique le viera recibiendo una azotaina con el culo al aire en las rodillas de su primo, Dudó, pero finalmente asintió con la cabeza. Se levantó y empezó a recoger las cosas en la mochila.
Pronto estaban los dos vestidos y salieron a la calle. Quique no podía dejar de pensar en la posibilidad de ver a José recibiendo una azotaina. Con una media sonrisa se fijó en las correíllas de la mochila que, al avanzar su amigo, iban golpeando rítmicamente las nalgas redondeadas y opulentas del muchacho. Tres tundas en un año Desde que cumplió los 18 – tenía dos meses más que José – él había estado más de diez – incluso más de quince – veces en las rodillas de su padre. Meneó la cabeza y se mordió los labios, deseando, en el fondo, que la escena tuviera lugar y que él estuviera presente en ella.
***********
El sonido del timbre le sorprendió. Fernando miró la hora extrañado. No esperaba a nadie y estaba a punto de acabar un proyecto que tenía que entregar sin falta al día siguiente. Dudó un momento pero luego se acercó al telefonillo.
-          Sí? – preguntó
-          Nano – dijo la voz de su primo – soy José
Fernando enarcó la ceja. Le extrañaba la visita.
-          Empuja – le respondió mientras apretaba la tecla de apertura.
Volvió a su cuarto y se puso un pantalón de chándal – le gustaba  estar en camisola o sudadera y calzoncillos cuando estaba sólo en casa – y fue a abrir la puerta. Esperó un momento mientras el ascensor subía los cuatro pisos. Por fin llegó y se abrió la puerta. Allí estaba su primo, José Luis, y un chaval que no conocía, delgado, moreno de pelo y piel y con unos ojos negros muy profundos. Venían los dos con el chándal puesto por lo que supuso que venían de algún partido del Instituto.
Dio dos besos a su primo en la mejilla y la mano al otro chaval al que José presentó con un sucinto – Este es Quique. – Fernando sabía que era el mejor amigo de José por lo que lo volvió a mirar. El chaval le gustó. Como su primo, no era especialmente guapo pero tenía una sonrisa simpática y unos ojos chispeantes.
-          ¿Qué hacéis aquí? – preguntó – cuando hablamos anoche me dijiste que ibais a estar estudiando toda la tarde.
-          Sí – respondió José con la voz dudosa - ¿Nos das un vaso de coca? Ahora te cuento…
-          Sí, claro. Dejad ahí las bolsas y pasad. Ahora os lo traigo.
Quique entró con curiosidad en el apartamento. Era un pequeño estudio con dos habitaciones, una gran terraza y una pequeña cocina en un rincón. La habitación donde entraron hacía las veces de salón y estudio, con la televisión, una gran mesa de trabajo y el ordenador. A través de la puerta abierta se veía una habitación con una gran cama – con las sabanas revueltas – y un ventanal desde el que se veía el mar.
Fernando volvió con tres vasos de Coca Cola. Dio uno a cada uno de los chicos y se sentó en su sillón de trabajo volviéndose hacia ellos.
-          No puedo estar mucho con vosotros. Tengo que acabar un trabajo urgente. A ver, decidme que pasa.
-          El caso es – empezó José tras tomar un trago. Se calló y miró hacia Quique primero y luego hacia el balcón como buscando inspiración.
-          Joseeeeeee – dijo Fernando con una voz profunda – Dime lo que pasa.
-          Queheperdidolallavedecasa – dijo muy bajo y muy rápido el muchacho.
-          Qué?? – preguntó Fernando
-          Qué – Qué  - tartamudeó José – qué he perdido la llave de casa y necesito que me dejes la tuya.
Quique podía mascar la tensión con la que Fernando, sin responder, miró a su primo. Se volvió y dejó el vaso que tenía en la mano en la mesa. Luego, muy lentamente, se volvió hacia su primo y le miró. Era un mocetón de unos 25 años, muy parecido a José pero con un cuerpo formado, de hombre atractivo y atlético, acostumbrado a la vida al aire libre. Tenía la mandibula cuadrada de tenerla apretada para contenerse.
-          José – dijo con la misma voz profunda que había usado antes – Te avisé. Sabes que no te puedo dejar mi llave porque la perdiste y papá aún no me ha dado copia. De modo que tendrás que esperar a que vuelva el domingo para poder entrar a casa. Menos mal que es viernes y mañana no tienes clase.
-          Pero el padre de Quique va a ir a buscarle a las 9 a casa! – murmuró José revolviéndose en el asiento. Tenía la mirada del cachorro maltratado que Fernando tanto conocía. El chico siempre se había salido con la suya pero ya era hora de ponerse serio con él y que aprendiera que sus actos tenían consecuencias.
Fernando se volvió hacia el otro muchacho.
-          Quique, perdona que te lo pregunte así. ¿Pero no te puede recoger antes o no puedes irte a casa de otra forma?
-          No – respondió el aludido – Tiene trabajo toda la tarde y ahora no hay autobús para ir a casa.
-          ¿Puedes llamarle y decirle que hay cambio de planes para que te venga a recoger aquí?
-          Sí. Creo que sí. – Fernando le indicó el teléfono y Quique hizo una llamada rápida. Tras consultar con Fernando la dirección exacta se la dio a su padre, quedando que le recogía allí y colgó.
-          Bueno – dijo Fernando. – Tienes deberes que hacer, por lo que me imagino que lo mejor es que te pongas con ellos mientras yo acabo el trabajo… ya me queda poco afortunadamente…. – se volvió a su primo que permanecía inmóvil con la cabeza baja en su sillón – en cuanto a ti – José levantó la mirada con sus ojos humedecidos de cachorro inmaduro. Fernando se acercó a él y le cogió de la oreja haciéndole levantarse – De momento vas a estar un buen rato con la nariz en el rincón que ya conoces – le sacudió mientras lo decía – y en cuanto acabe vamos a tener una charla.
-          Por favooooooooor primo – dijo José – Está Quique delaaaaaannnnnttteeeeeee – parecía que balaba como una oveja llevada al matadero.
-          Eso está bien – dijo Fernando muy serio – Seguro que eso reforzará el mensaje de la tunda que te voy a dar y te lo pienses dos veces antes de repetir tus “gracias”… Siento el espectáculo que se va a llevar Quique – hizo un gesto al muchacho – pero estoy seguro que te va a hacer bien que te castigue delante de él y que tu amigo sepa que te castigo por descuidado… Vamos – acabó con una palmada en las nalgas redondeadas del muchacho – quítate la sudadera y al rincón.
José obedeció, quitándose la sudadera, dejándola en el sillón con cuidado – alguna vez se había llevado un par de azotes por maltratar la ropa - y pasando luego al rincón que ya conocía por experiencias anteriores. Allí se puso de cara a la pared, sorbiéndose los mocos y los lagrimones, seguro de que su primo no iba a dejar de cumplir la amenaza que le había hecho. Quique permanecía en su sillón con los ojos muy abiertos sin perder detalle de la escena. Su compañero había levantado los brazos a la nuca y su estrecha cintura hacía destacar su trasero que pronto iba – Quique estaba seguro – a estar muy caliente y coloradito.
Fernando se volvió a él con una media sonrisa.
-          Lo siento chaval – le dijo – No me gusta que el primer día que vienes a casa te encuentres con este espectáculo, pero José Luis se lo ha buscado. Ya le avisé la última vez y parece que no aprende. Estoy seguro de que una buena tunda le va a hacer recapacitar para el futuro… - Quique asintió, volviendo la mirada hacia su compañero. Sabía por propia experiencia la eficacia de la azotaina para recordar las normas.
-          Peroooo – dijo José Luis desde el rincón – Ya teenngooo diecinueve años….
Fernando se acercó en un momento y sonaron dos azotazos sobre el pantalón del chándal.
-          Te faltan aún cuatro meses para los diecinueve – dijo enfadado – y de todos modos, sabes que si no te portas como es debido, vas a pasar muchos ratos con el culo ardiendo hasta que aprendas. Te lo avisé cuando cumpliste los 18 y no has querido creerme… Sigue así y probarás la correa antes de lo que te imaginas…
-          NO, PRIMO, POR FAVOR… CON LA CORREA NO….- gritó casi José Luis llevándose las manos al trasero como para protegerlo de la amenaza.  Fernando le apartó las manos y un nuevo azotazo atronó el salón.
-          Ya hablaremos. Ahora pon la nariz en la pared y cállate que tengo que acabar el trabajo. – se volvió de nuevo a Quique – Si quieres algún libro o cómic, tienes ahí la librería…
-          Gracias, señor, tengo que hacer unos deberes…
-          Vale. Ven si quieres a la mesa, pero no me llames señor. Mi nombre es Fernando, Nano para los amigos – tenía una bonita sonrisa – y espero que lo seamos tú y yo.
Quique sonrió a la vez y se puso al lado de Nano, que trabajaba en el ordenador marcando las teclas con gran actividad. El silencio se extendió en la habitación solo interrumpido por el sonido de las teclas y el rasgar de la pluma de Quique. Éste no podía dejar de observar a su compañero, que estaba justo en el rincón frente al que él estaba sentado, en un rincón de la sala. Fernando en cambio, se concentró en su ordenador y sólo paró un momento para poner una música suave en el reproductor de discos, dedicándose luego de lleno a su trabajo.
Pasaron quince minutos y finalmente Fernando, con un repiqueteo de teclas, dio a Guardar y, con un suspiro, bajó la tapa del portátil en el que escribía. Quique se puso en tensión mientras Fernando se estiraba las manos y hacía crujir los dedos. José, en su rincón – observó Quique – también pareció ponerse en tensión sabiendo que había llegado el momento…
Fernando se levantó de la silla y se estiró con un movimiento casi felino, alargando los brazos hacia arriba y luego cruzándolos hacia atrás. Se volvió hacia José Luis
-          Bueno peque – dijo – ha llegado la hora…
-          Por favor, primo…- gimoteó José
-          Ni primo ni nada. Haber pensado antes en tener cuidado. Vamos, coge la silla y ven aquí.
José bajó la cabeza y fue a coger una silla sin brazos de las que había detrás de la puerta. Quique no pudo menos que sentir compasión por su amigo, aunque al mismo tiempo deseaba ver todo el espectáculo. Demasiadas veces le habían visto a él castigado sus hermanos pequeños, pero la primera vez que podía asistir a la azotaina de otro, y que ese otro fuera José sólo añadía interés a la escena.
Fernando cogió la silla de manos de José, la abrió y se sentó en ella. José se puso a su lado, sin atreverse a mirar a Quique que observaba la escena desde un lado. Fernando entonces alargó las manos y sujetó la cintura del chándal – José Luis hizo un último intento –
-          Por favor, primo, no con el culo al aire.
-          Te lo avisé hace tiempo, peque – dijo Fernando. – Y si no sabes obedecer y tener cuidado no tienes derecho a pedir que te tenga consideración.  –
Con decisión Nano cogió el elástico del pantalón y lo bajó hasta las rodillas junto con los shorts que José llevaba debajo, dejando al descubierto los bien torneados muslos de su primo. La camiseta roja sólo dejaba ver la zona inferior del calzoncillo a rayas verde y blanco. Entonces puso la mano en la espalda del muchacho y lo hizo doblarse en su regazo. Moviendo las piernas con habilidad hizo que el muchacho levantase las suyas quedando con el culo en pompa y bien al alcance de su mano.
Nano se detuvo un momento. Para conservar el equilibrio, José se agarró con un brazo a la pierna de su primo y con el otro a la pata de la silla. Con la mano retiró hacia arriba la camiseta dejando a la vista la parte inferior de la espalda de José y el trasero cubierto por el calzoncillo. Quique no pudo evitar tragar saliva cuando vio como los dedos de Nano entraban en el elástico de los calzoncillos y de un empujón lo arrollaban en los muslos de su amigo dejando su trasero al descubierto.  No era la primera vez que veía a su amigo en cueros, pero era muy distinto verse en el vestuario o en las duchas, o incluso en la playa cuando se habían bañado en pelotas que verle ahora tendido sobre las rodillas de su primo preparado para recibir una azotaina. Se veía perfectamente la marca del bañador en la palidez de las nalgas frente al cuerpo bronceado.
Nano no dudó un instante. Levantó la mano y aplicó una buena ráfaga de azotes al culo. Azotaba con ritmo, ora una nalga ora otra, ora las dos a la vez, procurando espaciar los mismos y que José notase el picor que cada uno de los azotazos dejaba sobre sus nalgas. El muchacho sollozaba y pataleaba sintiendo arder su trasero, pero nada impedía que Fernando aplicase un azote tras otro en las firmes nalgas de su primo.
-          Perdóooooonnnnnn – decía José – No lo volveré a haceeeeeerrrr…. Ay ay ay ay…. Perdooooooonnnaaaameeee…
-          Sabes – respondía Fernando puntuando cada palabra con un azote – que – te – lo – había – avisado – pero – está claro – que – no – quieres – aprender – por – las – buenas – y – te – prometo – que – como – que – me – llamo – Fernando – que – vas – a – aprender – a – tener – cuidado – de – las – cosas…
La azotaina duró cinco largos minutos, y el trasero de José adquirió un fuerte color sonrosado que destacaba sobre las partes que aún quedaban pálidas. Quique observaba paralizado el castigo. Con un fuerte azote final, Fernando se detuvo y, poniendo la mano sobre las ardientes nalgas de su primo, le dijo:
-          Te prometí que si te tenía que volver a castigar este mes te ibas a llevar una docena de azotes con el cepillo. ¿Te acuerdas?
-          Noooooooooooooooo – gimoteó José Luis – Por favor primooooooo… no con el cepillo, con el cepillo noooooo.
-          Vamos – le ordenó Fernando haciéndole levantarse – Ya sabes donde está. Ves a por él y traémelo aquí.
José se levantó e instintivamente se frotó las nalgas con las dos manos para quitar en parte el fuego que sentía en su trasero. Tenía los ojos llenos de lagrimas y el calzoncillo le bordeaba las nalgas cubriéndole no obstante el pubis.
-          Por favor, Nano, por favor…..
-          Sabes que te lo había prometido – respondió su primo con voz severa. – Y si vuelvo a tener que castigarte, no serán doce sino veinticuatro los azotes con el cepillo. – le dio un azote en el muslo – Vamos. Traemelo que como tardes más te subo a dieciocho.
Trastabillando, con los pantalones enrollados en las piernas y el culo rojo al aire, José se acercó a la estantería de la televisión. Se inclinó hacia delante para abrir el cajón inferior mostrando el culo totalmente rojo a su primo y a Quique y sacó del cajón un cepillo de baño con el dorso de madera. Volvió a cerrar el cajón y se irguió con lo que la camiseta roja le cubrió la parte superior de las nalgas. Se dirigió trastabillando hasta su primo y le alargó el cepillo al tiempo que decía:
-          Primo, por favor… perdóname esta vez y te prometo que no volverá a pasar..
Su primo le miró fijamente mientras cogía el cepillo.
-          Eso me prometiste la última vez y mira como has acabado. Vamos. Ven aquí de nuevo
Le cogió del brazo y le puso a su derecha haciéndole doblarse de nuevo sobre su regazo. Depositó el cepillo en las nalgas de José mientras volvía a subir la camiseta dejándole la parte inferior de la espalda al aire y bajó el calzoncillo hasta dejar la parte superior de los muslos al aire.
-          Por favor, primo. Por favor – no dejaba de decir José Luis, pero Fernando levantó el cepillo en el aire y con un enérgico movimiento, le dio dos azotes – uno en cada nalga.
-          Auuuuuuhhhhhhhhhhhhhh- exclamó José sintiendo el culo como una llama
Dos nuevos azotes cayeron, esta vez en la parte exterior de ambas nalgas y de nuevo una parada. José se agitaba pero Fernando le cogió el brazo retorciéndoselo en la espalda y usándolo como ancla para tenerlo sujeto y firme en su regazo.
Siguió con el castigo alternando las nalgas con otros dos azotes, pero entonces cambió y dirigió los siguiente dos azotes a la zona de unión de nalgas y muslos, lo que hizo que José aullara de dolor y se agitara como un loco
-          No, no, no por favor por favor por favor.
-          Estate quieto o te daré seis más – le dijo su primo dispuesto a llevar el castigo hasta el final. Así lo había hecho su padre con él y así estaba dispuesto a hacerlo con su primo menor al que quería como un hermano.
-          No, no … Nano, por favor, ocho más no…. Ya … ya aguanto….
Se tensó mientras Nano repetía los dos azotes en la misma zona. Una nueva parada y finalmente Fernando le dio los dos azotes finales procurando cubrir ambas nalgas a la vez con cada uno. Se paró y José Luis se quedó sollozando, con el cuerpo relajado en el regazo de su primo y totalmente rendido.
Fernando le dejó un momento en esa posición. Dejó el cepillo en el suelo y con la mano en la espalda de José, le acarició la cabeza metiendo los dedos entre el cabello corto y espeso del muchacho.
-          Ya, peque. Ya – le dijo con voz suave – ya se ha pasado. A ver si no tengo que volver a castigarte en una temporada –
 Le levantó y se puso de pie a su lado, abrazándole. José Luis se apretaba el trasero con una mano mientras sollozaba con el rostro hundido en el pecho de su primo. Nano sentía la camiseta humedecerse con las lágrimas del muchacho y le apretó acariciándole de nuevo los cabellos como cuando era niño.
-          Venga – le dijo – ya ha pasado. Ahora ponte un rato en el rincón mientras acabo de revisar mi trabajo y luego te lavas la cara y nos iremos a tomar algo los tres, ¿Vale?
Quique no podía menos de sentir envidia de José Luis. Cuando le castigaba su padre se limitaba a tirarle de sus rodillas o dejarle tendido en la cama. En cierta forma deseo que fuera Nano el que le castigase la vez siguiente que lo mereciera.
Fernando levantó la cara de José Luis poniéndole los dedos bajo la barbilla y le dio un beso en la frente.
-          Vamos. – dijo – al rincón – y dio un cachete suave al muchacho que soltó un gemido y obedeció.
Fernando se volvió entonces a Quique y le hizo una mueca con una media sonrisa como disculpándose del castigo que había tenido que dar a su amigo. Fue a coger el cepillo pero Quique se adelantó, cogiendo también la silla y poniéndola en su sitio. Fernando sonrió y al pasar le dio un medio cachete en la nalga.
-          Buen chico – dijo, y se sentó para acabar su tarea. Quique aprovechó para echar una buena ojeada al trasero enrojecido de su amigo. Como tenía los brazos en la nuca, la camiseta estaba levantada dejando ver los dos redondeados carrillos. Silbó sin sonido. Había sido una buena azotaina.
Quince minutos después, Fernando volvía a cerrar el ordenador y se volvía a su primo y su amigo,
-          Súbete esos estúpidos calzoncillos – dijo – y vamos a tomar unas tortitas... con tanto ejercicio, tengo un hambre atroz!!!

domingo, 29 de septiembre de 2013

He vuelto a ser travieso




Ya hacía tiempo que no ponía ninguna foto mía. Pues sí, amigos, he vuelto a ser desobediente hace poco y papá ha tenido que castigarme. Ahí tenéis el resultado.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Kedada y fin de semana spank en Chinchón (Madrid)


Para todos los posibles interesados, transmito nuevamente la información relativa a la kedada de aficionados al spanking de la próxima semana que me han pasado los organizadores:

7ª KEDADA española de  AZOTES  , BONDAGE, PRACTICAS BDSM y JUEGOS DE ROL "MADRIDSPANK'13",


de un fin de semana, para todos aquellos amantes de estas técnicas y juegos  que quieran disfrutar de un encuentro con dominantes /spankers/sádicos/, sumisos /spankees/masoquistas),  switchs (versátiles)  y gente interesada en aprender.

Será en septiembre, durante el último  fin de semana del 27 al 29, en una casa rural discreta de las cercanías de Madrid (Chinchón) , que hemos reservado para la ocasión, con buen acceso  a la misma, y buena comunicación por carretera y transporte público.

Hay 20 plazas para pernoctar, para la gente que vayamos de fuera de Madrid, y 20 plazas extras para asistir a la fiesta “ kedada “que tendrá lugar el sábado, 28 de septiembre, a las 21:00 horas.

El precio de asistencia, participación y alojamiento+desayuno por el fin de semana completo (viernes a domingo) es de 80 euros en total (no incluye comidas ni cenas) conforme se haga la inscripción, y de 18 euros para los que no se queden a dormir y solo vengan a la kedada del sábado por la tarde-noche.

Realiza tu preinscripción enviando un mail a la dirección: disciplina45@hotmail.es para poder empezar a hacer la lista de participantes  y que no te quedes sin plaza disponible.

El ingreso para el alojamiento será a través del siguiente número de cuenta bancaria, en el que debes poner tu nombre, apellido y  como descripción: Chinchón2013

2038  6084  41  3000528507


martes, 17 de septiembre de 2013

Fresa y chocolate, Shame y Stoker

Esta vez toca otra ronda de películas con azote sexy en el culo. La primera es el ya clásico cubano Fresa y chocolate (1993), la historia de la amistad entre un joven adicto al régimen y un disidente gay. No sé si es a propósito o no, pero la escena más homoerótica de la película no tiene lugar entre los dos sino entre el chaval comunista ingenuo y su compañero de piso, que lo cuida tiernamente tras una borrachera y le comenta algo del tipo de que está echando culo (por cierto que no entiendo la expresión cubana que utiliza, si alguien me la explica se lo agradezco). El actor que recibe el azote es Vladimir Cruz y quien lo da Francisco Gattorno.



Aquí tenéis el vídeo. La escena está entre el minuto 40 y el 41:


Pasamos al cine más reciente. En una peli del año pasado, Shame, el muy guapo Michael Fassbender, que interpreta a un adicto al sexo, recibe una cariñosa palmada de su jefe. Es muy gracioso el saltito que pega al recibirla. El jefe es un tal James Badge Hale, que también está pero que muy bien:






Y en la todavía más reciente Stoker, el malo de la historia, Matthew Goode, se saca el cinturón para castigar a un adolescente travieso que está a punto de violar a su sobrina. Resulta decepcionante que lo inmovilice con el cinturón en lugar de hacer otra cosa con él, pero sí le da unos azotes al muchacho una vez en el suelo.




jueves, 12 de septiembre de 2013

El internado

Un lector se ha animado a escribir una historia, o al menos el comienzo de ella, de temática escolar. Estupendo porque ya hacía algún tiempo que no teníamos literatura; os dejo con ella y muchas gracias al autor, que ha diseñado él mismo la imagen de portada a partir de fotos de un simpático y pícaro modelo de Sting Pictures.



EL INTERNADO
CAPITULO I

Aquí estamos…
El instituto St. James”
Padre, tiene que ser una broma — murmuro el pequeño Jeff desde el asiento trasero del auto de su padre, el señor Isaac (Ike) Evans. Leer el letrero del internado al que sería confinado a pasar sus días le había puesto la piel chinita. Era un lugar enorme, con grandes jardines pero que seguía manteniendo la apariencia de un reclusorio juvenil.
Ninguna broma jovencito, te advertí que pasaría si no aprendías a comportarte en la escuela… y sabes que soy un hombre de palabra... así que este año vas a pasártela aquí, y cuidadito con hacer una de las tuyas… porque a papi no le gustaría tener que venir hasta aquí para darte unos buenos azotes… ¿entendido Jeffrey?
Papi, no… por favor, no me dejes aquí… No conozco a nadie aquí, no me gusta este uniforme… esta horrendo y pica mucho. — se quejaba el muchacho, arrugándose el saco color azul marino que llevaba puesto. Su padre se giró y le dio un azote duro en la mano.
Jovencito, si sigues con esta rabieta estúpida… me voy a bajar del auto y te voy a meter de la oreja hasta esa escuela… así que tú decides… por las buenas, o por las malas. — advirtió el padre. El chico lo miró suplicante, pero no fue hasta que el padre hizo el ademán de bajarse del auto que tomó su maleta y abrió la puerta obediente.
Jeffrey Aiden Evans. — dijo el padre y con dos dedos le indicó a su hijo que regresara al auto; el chico rodó los ojos y regresó rendido. — Pórtate bien bebé, te vamos a extrañar. — le dijo mientras lo abrazaba. Ike podía ser un padre bastante estricto con sus hijos, pero era también muy amoroso y estaba acostumbrado a tener a sus chicos en casa. Pero dejar a Jeffrey ahí encerrado era por su bien, tenia que corregirlo.
También voy a extrañarte papito… también a mi hermano… díselo por favor— Jeff no dejaba de hacer pucheros; quería apelar a la buena voluntad de su padre pero él sabia que Ike era un hombre muy duro y su corazón jamás se apiadaba para castigarlo, exactamente como en ese momento.
Bueno, vale ya… vete. — dijo el padre y le dio un fuerte azote a su hijo. — Y no quiero que me pongas esos ojos blancos otra vez, ¿entendiste? — dijo Ike entre serio y alegre. Jeffrey solamente le sonrió, pues hasta en el momento de su despedida su padre no dejaba de ser tan estrictamente paternal.
Jeffrey finalmente se metió hasta el internado; las reglas del lugar indicaban que el chico debía entrar solo al lugar, pues estando dentro ya no era responsabilidad de sus padres, ahora pasaba a estar bajo el cuidado y las ordenes de los profesores, perfectos, etc.
Cuando dos semanas antes, su padre le dijo”Estarás en el mejor internado de Seattle” Jeff solo pensó que estaba blofeando para asustarlo, pero ahora que estaba ahí, sí que sentía mucho miedo… Toda su vida estuvo viviendo en L.A, en un mundo liberal donde las reglas habían sido hechas para romperse, pero aquí, en este internado… las reglas estaban para obedecerse, y eso estuvo muy claro desde el momento en que su padre lo obligo a ponerse ese uniforme gris/azul.
Eres el joven Evans, ¿verdad? — preguntó un hombre, alto y muy delgado que salió de alguna parte de los jardines. Jeff se giró a verlo y se encogió de hombros.
Soy yo… ¿Cómo lo sabe? — preguntó con miedo siquiera de ver a ese extraño. El hombre se rio pero no en una forma buena, luego se acercó y le puso la mano en la espalda para impulsarlo a caminar.
Eres muy parecido a tu padre… lo recuerdo ¿sabes?... El era un joven muy… indisciplinado… espero que tu no seas igual a él, cuando tenia tu edad. — comento el hombre lleno de malicia en sus palabras; de hecho estaba sonriendo disimuladamente, pues apenas ver al chico se había percatado de su perfecto trasero y solo estaba esperando el pretexto perfecto para poder hacerse con él.
¿Mi padre? ¿Cómo es que…?
¿Lo conozco?... Oh créeme, no quieres saberlo… no todavía, pero no te preocupes… tenemos que discutir un par de cosas todavía,
El hombre jamás soltó a Jeff de su agarre, y el chico se sintió realmente incómodo cuando un montón de chicos uniformados lo miraron muy extraño; algunos parecían tenerle pena, otros parecían querer golpearlo y solamente uno de ellos le sonrió amablemente. Llegaron hasta una zona de puras oficinas y el hombre tomó su mano para conducirlo a la mas elegante pero fría oficina en la que hubiera estado jamás.
Siéntate, siéntate. — le dijo el hombre y muy amablemente le retiró la silla para que pudiera sentarse. Jeff lo hizo con demasiada cautela y se quedó mirando el sitio; había un montón de documentos sobre el escritorio, un sofá negro enorme que se veía realmente cómodo, y la ventana… daba directamente hacia la vista de los jardines, una preciosa vista para ser exactos. — Así que… ¿sabes porque estas aquí, jovencito? — pregunto el hombre, y se le quedo mirando expectante.
Uh… ¿sinceramente?... creo que estoy aquí porque mi papá quiere castigarme. — aseguró el niño con una sonrisita que no le pareció nada graciosa al otro sujeto.
¿Por qué querría hacer eso tu padre? — volvió a preguntar.
Yo, uh… creo que hice… algunas… cosas que no debí en mi otra escuela — comentó Jeff como si no fuera importante. El otro hombre asintió no muy complacido y sacó el expediente del chico de su escritorio; como Jeff era nuevo, sus papeles estaban muy a la mano.
El hombre se puso sus lentes de lectura y echó una mirada a todo el expediente, no pudiendo evitar que su cara dibujara un par de gestos de enfado por todo lo que estaba leyendo en ese expediente. Era por mucho la peor hoja de quejas que había leído en años.
Así que… ¿hiciste un par de cosas malas? ¿Eh?... como… meter un montón de ratas muertas en el baño de señoritas, tirar a una profesora de más de 50 años de servicio por las escaleras del segundo piso, un par de peleas, un par de suspensiones… y lo más grave… provocaste un incendio en un laboratorio de ciencias— narraba el hombre bastante sorprendido de escuchar tantas fechorías cometidas por un mismo chico.
Bueno… ¿Qué puedo decirle?... vivir en Nueva York es muy aburrido— comento Jeff aún sonriente. El hombre torció los labios con enojo pues jamás había visto ese grado de cinismo en ninguno de los chicos que veía y atendía a diario.
Bueno, te diré que… Todas esas travesuras forman parte del pasado, porque ahora estás en un colegio de prestigio… aquí las cosas son muy diferentes a tus otras escuelas, jovencito… Aquí en St. James tenemos unas reglas muy claras… y mas vale que las vayas aprendiendo. — dijo el hombre y entonces le entregó unas hojas a Jeff para que las leyera.


INSTITUTO ST. JAMES
REGLAMENTO INTERNO PARA ALUMNOS

  1. Todos los alumnos del instituto deberán portar el uniforme a todo momento, sin excepción y sin ningún cambio al mismo (solo se permiten las prendas correspondientes al uniforme, ver el código de prendas establecido)
  2. Los alumnos deberán asistir a todas sus clases con puntualidad
  3. Los alumnos deberán mostrar el debido respeto a todos los profesores, perfectos, directivos, y personal en general.
  4. El lenguaje de los alumnos debe ser educado en todo momento.
  5. Los alumnos deberán mantener el orden y el buen comportamiento en todo momento, de lo contrario se ganarán una sanción inmediata.
  6. No se puede caminar por los jardines en horario de clase ni en horarios fuera de los permitidos (revisar lista de horarios permitidos, sección A)
  7. El uso de los sanitarios es para beneficio de los alumnos. Quedan estrictamente prohibidos los actos vandálicos dentro de ellos.
  8. Quedan prohibidas todas las sustancias alcohólicas dentro del plantel.
  9. Quedan prohibidas las pastillas y cualquier tipo de fármaco que no haya sido prescrito por el médico.
  10. Queda prohibido el uso de los aparatos electrónicos después de la hora establecida (revisar lista de horarios permitidos, sección B)
  11. Los alumnos deberán dormir al menos 7 horas diarias
  12. Los alumnos no podrán ingerir ningún tipo de alimento fuera del menú publicado por la cafetería del internado.
  13. Las revisiones periódicas por el medico son obligatorias
  14. Quedan prohibidas todas las mascotas
  15. Los alumnos no podrán dejar el plantel bajo ninguna circunstancia, si no es acompañados por un adulto responsable o tutor.

* El incumplimiento de cualquiera de las normas anteriores será sancionado debidamente por el tutor o profesor que lo crea correspondiente. (Revisar sección de castigos)

¿Esto es en serio? ¿Qué estoy, en el reformatorio? — pregunto Jeff muy sorprendido. Jamás había tenido tantas normas y mucho menos escritas.

Jovencito, quiero que bajes tu tono. — Advirtió el hombre, que ya se estaba cansado de que Jeff hablara tan despreocupado y como si estuviera con un igual. — Ahora revisa el horario, y la sección de castigos… tenemos que discutir un par de cosas — le dijo y el chico obedeció.

INSTITUTO ST. JAMES
HORARIO PARA ALUMNOS


  1. El horario de clases de lunes a jueves será de las 8:00 hrs a las 15:00 hrs
  2. El horario de clases de los viernes será de las 8:00 hrs a las 13:00 hrs
  3. Los viernes se dispondrá de dos horas de educación física de las 13:00 hrs a las 15:00 hrs
  4. Los jóvenes deberán permanecer en sus dormitorios a partir de las 21:00 hrs en días de semana.
  5. Los fines de semana se impartirán clases de regularización a partir de las 8:00hrs
  6. Los horarios de desayuno serán de las 10:00hrs a las 11:00hrs todos los días
  7. Horario de comida de 15:00hrs a 16:30 hrs
  8. La cena se servirá a las 21:30, sin retraso u espera.
  9. Los horarios para permanecer fuera de los dormitorios serán de 15:00hrs a 18:00hrs todos los días.
  10. Los horarios de revisiones médicas serán informados el día de las mismas

* El incumpliendo de cualquiera de las normas anteriores, será sancionado debidamente por el tutor o profesor que lo crea correspondiente. (Revisar sección de castigos)

Te recomiendo que pegues este horario en el muro de tu habitación; como eres nuevo puedes llegar a tener problemas para recordarlo, pero que te quede bien claro… eso no indica que voy a ser tolerante contigo… ahora estudias aquí jovencito, y yo soy tu tutor… Richard Collins, para que lo sepas.


Tengo una pregunta… se…señor Collins — murmuró Jeff, hasta con miedo de mencionar siquiera su nombre por alguna represalia. — ¿Cuándo podre ver a mi padre? — preguntó el chico, y el sujeto esbozó una sonrisa.
Oh, ¿apenas cinco minutos y ya extrañas a papi? — se burló el hombre. — No te preocupes por eso, tu padre es libre de venir aquí cuando quiera, en los fines de semana… puede llevarte fuera de aquí o puede verte en la estancia de visitas del colegio… ahora, déjame decirte lo que espero de ti, tres simples cosas Jeffrey… solo tres:
  1. Obediencia
  2. Buen comportamiento
  3. Aprendizaje
Soy un hombre muy poco tolerante, no soy tu amigo… soy tu tutor y estoy aquí para asegurarme de que des tu máxima capacidad en este colegio, para mantener tu comportamiento a raya… y a mí no me importa tener que calentarte el culo todos los días, si con ello consigo que te portes bien… ¿me estás entendiendo? — preguntó el hombre y Jeff solo pudo asentir. Conocía ese tono serio muy pero que muy bien y sabía que hacer contacto directo a los ojos no era una buena opción.
Quiero una respuesta verbal, niño. — Ordenó el sujeto.
Sí, señor — murmuró el niño entre dientes; no le agradaba para nada que lo llamaran niño, y mucho menos que lo intimidaran como el tutor lo estaba haciendo.
El tono. — volvió a murmurar el hombre, esta vez muy molesto de que un simple niñito se atreviera a hablarle con desprecio, eso no era aceptable. — Hablando de ello, pasemos a la sección de castigos ya. — indicó.


INSTITUTO ST. JAMES
SANCIONES PARA ALUMNOS


1- Confinamiento:
Los alumnos que incumplan en alguna falta menor serán castigados en habitaciones especiales, por un lapso no menor a una semana, se les quitarán los privilegios (electrónicos) por el mismo tiempo y se les prohibirá la salida en fines de semana o las visitas.


2- Limpieza del lugar:
Los alumnos que incumplan en alguna falta menor serán castigados con la obligación de limpiar una o más estancias de la institución; todo dependerá de la falta y la persona encargada del castigo.


3- Azotes
Los alumnos que incurran en una falta grave para el reglamento escolar serán castigados por el tutor o profesor que lo crean necesario. Los alumnos podrán ser acreedores a una sesión de azotes con cualquiera de los siguientes instrumentos:


Faltas de menor gravedad:
  • La mano
  • La pala
  • La zapatilla
  • El cepillo de madera
Faltas de gravedad mediana:
  • Vara
  • Tawses
  • Reglas
  • Rebenque
  • Sacude alfombras
Faltas muy graves
  • Cintos o cinturón
  • Ortigas
  • Birch
  • Strap
  • Martinete

* Los instrumentos utilizados dependerán de la falta y el profesor/ persona adulta que impartirá el castigo. Ellos podrán decidir cuál se utilizará, así como el numero de azotes que se dará.


¿Tienes alguna pregunta sobre este punto? — preguntó el señor Collins. Jeff se quedó pensativo, mirando la hoja de las normsa y recordando a medida que leía cada instrumento; su padre los había usado casi todos contra su trasero y el de su hermano en mas de una ocasión y no eran bonitos recuerdos… pero vamos, él era su padre y por ello tenía algo de derecho en castigarlo.
¿No es ilegal hacer eso?... es hum… ¿abuso deshonesto? — preguntó Jeff con una risita y esta vez el tutor explotó; no todos los días tenía en la oficina a un chico que se creía demasiado inteligente para ser castigado.
Jovencito… ya eres mayorcito ¿no?... así que en teoría no deberías de tener miedo a unos azotes en el culo… porque en teoría ya deberías saberte comportar— dijo el hombre y Jeff no pudo ocultar su risita simplona.
¿Crees que esto es gracioso? — preguntó el hombre.
No. — murmuró Jeff sin quitar la risita de su rostro; estaba claro que se encontraba frente a un pobre patán que no había conseguido un mejor empleo.
¿Entonces de que te ríes? — exigió saber el hombre.
De nada que le importe. — dijo Jeff con ironía y eso terminó por molestar lo suficiente al hombre, quien le sonrió porque ya tenia el pretexto perfecto para hacer lo que tanto había querido desde que lo conoció.
Ese es exactamente el problema contigo, piensas que nada importa… pero he conocido a muchos niños como tu… siempre haciéndose los listos conmigo, creyéndose que ya tienen la edad para tomar las decisiones y hacer su santa voluntad… pues déjame decirte hijo, que aquí no… aquí no eres mas que un niñito que ha venido a ser bien educado, y a estudiar… aquí yo voy a ser como tu propio padre… me voy a encargar de darte la disciplina y la atención que necesites… como ahora mismo… que me parece estás pidiendo un buen ajuste de actitud como bienvenida.
¿Un…un qué? — preguntó Jeff entre titubeos, pues conocía el termino y sabia muy bien a que se refería; pero para cuando despertó de su lapsus mental, el señor Collins lo tenia bien sujeto del brazo y lo estaba levantando de la silla en que estaba sentado. Luego lo arrastró hasta una silla que extrañamente ya estaba colocada en medio de la habitación, como si estuviera ahí lista para castigar a los muchachos traviesos.
Vamos a sacarte esto, no quiero que se arrugue. — murmuró el hombre y le quito la corbata de un tirón, luego le quitó el saco y dejo las cosas con sumo cuidado sobre su escritorio.
No, no… espere, por favor… no he hecho nada malo. — murmuró Jeff al sentir las manos del sujeto desabrochando su cinturón; el hombre le dio una fuerte nalgada para callarlo.
Es un ajuste de actitud, Jeffrey, quiero que la próxima vez pienses antes de hablar… Y sobre todo, que pienses muy bien antes de empezar con esas risitas tan sarcásticas que, como veo, te encantan. — aseguró el hombre; le bajo el pantalón de un tirón y se quedo mirando el pene y el trasero del chico, que se lograban vislumbrar a través de la tela de sus Boxers negros. El señor Collins se lamió los labios con cautela de no ser visto, y cuando su curiosidad fue más allá desnudó a Jeffrey de cintura para abajo. Todo en ese chico le apetecía, era como si sus posaderas hubieran sido diseñadas para ser castigadas.
No, por favor— gritó Jeff antes de que el hombre lo jalara fuerte del brazo y lo acostara sobre su regazo.
El señor Collins acarició las nalgas con su mano un momento, y luego la levantó tan alto como pudo, dejándola caer con toda la fuerza sobre el trasero de Jeff, y haciendo un sonido de eco bastante fuerte en la habitación… La primera palmada había sido tan placentera para el hombre, que no pudo parar…
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— No, por favor… pare… ouww— rogó Jeff, que se había mantenido estoico y calladito por unos minutos, pues su trasero ya estaba acostumbrado a las zurras… La cosa era que ese hombre no parecía tener la intención de parar; le pegaba de forma rítmica, un azote en una nalga y luego en la otra.


— Lo siento... solo pare… lo siento— dijo Jeff, empezando a llorar. El ver esa reacción excitó tanto al hombre… siempre le gustaba ver un buen culito rojo, acompañado con las lágrimas de un niño malcriado… pero de todas formas aumentó la fuerza y continuó con los azotes.


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El sonido de la mano del señor Collins impactando contra el trasero de Jeff era semejante al de una pala golpeando a un pedazo de carne, y que decir del dolor… a Jeff le estaba doliendo montones sentir esa firme mano pegarle a sus nalgas. Sin que él supiera su trasero ya se había pintado de un color rojo carmesí… el color preferido del hombre.
Lo siento... no volveré a hacerlo… lo siento— rogó Jeff y entonces el señor Collins detuvo su mano sobre su trasero unos segundos.
Claro que lo vas a lamentar — dijo por fin. Había estado callado todo el tiempo, porque disfrutaba del bello sonido que provocaba su mano al azotar ese hermoso culito. Se remangó la manga derecha de la camisa un poco y continuó…
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Y espero que no se vuelva a repetir, porque esto no se va a comparar con lo que te voy a dar. — dijo y por fin bajó el ritmo de los azotes un poco, dejando una pausa entre nalgada y nalgada para disfrutar un poco mas de ello.
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Ya levántate, jovencito. — ordenó el hombre y Jeff no tuvo que pensárselo dos veces para pararse de su regazo y poder sobar su trasero por fin. Su piel estaba ardiendo en llamas y la picazón era inimaginable, sin duda una de las zurras mas duras que se había llevado en su vida y había sido solo por una risita… no quería ni imaginarse que pasaría por otra cosa mas grave de las que estaba acostumbrado a hacer.
Jeffrey estaba llorando un poquito, así que el hombre no se hizo esperar para poder tocarlo. Le subió los calzoncillos y los pantalones él mismo, y luego le puso el saco y la corbata de nuevo, llevando sus manos hasta la piel suave del rostro del muchacho para acariciarlo.
Que sea la última vez que te ríes y me contestas así... ¿esta claro? — preguntó el hombre con un tono que le quitó la voz por completo a Jeff, quien solo pudo asentir complaciente. — Está bien, te mostraré tu dormitorio.
Jeff se dejó conducir a través de la escuela, hasta que llegaron al edificio IV de dormitorios de los chicos. El señor Collins abrió la puerta del edificio con una vieja y enorme llave y lo metió dentro. Mientras Jeff caminaba por los pasillos de los dormitorios, pudo escuchar a chicos lloriqueando y el claro sonido de unos buenos azotes… entonces se preguntó a si mismo, ¿en dónde demonios he venido a caer?....
Tu cuarto es este. — indicó el señor Collins y por fin abrió la puerta marcada con el número 202, dejando ver un cuarto pintado en colores blanco con un escritorio para tareas, una lámpara y una cama litera en la orilla del cuarto. — Tienes un compañero, que seguramente estará en clases… así que tomate el día para acomodar tus cosas… y… mañana te quiero en clases a primera hora ¿estamos? — preguntó.
Sí, sí, señor. — murmuró Jeff, y se metió al cuarto. El señor Collins cerró la puerta por él y no pudo evitar reírse una vez fuera, pues la mirada de ese niño reflejaba que era uno los malcriados y traviesos… Y él estaría muy contento de poder educar ese rebelde pero perfecto trasero a base de nalgadas.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Vintage

Hoy os ofrezco una colección de imágenes antiguas o vintage, como se dice ahora, en la que se entremezclan instantáneas de amigos haciendo el tonto con pornografía antigua de los años 50-60-70.











martes, 27 de agosto de 2013

Mormon boyz

Siguiendo en la línea de azotes eróticos, he descubierto primero por mi cuenta, y luego he profundizado más en ella tras la recomendación de un lector, una web llamada Mormon boyz que se basa en el morbo de los predicadores callejeros mormones: chicos jóvenes con un aire a la antigua inocente y sumiso. 

Este vídeo, Elder Allen disciplined, está bastante conectado con la temática del blog; la pasividad del chico, que se deja manosear por un hombre más mayor y atractivo, me resulta muy atractiva. Hay spanking y masturbación forzada.

Un lector me había pasado un enlace donde se podía ver el vídeo completo, pero lo han retirado, imagino que había sido subido allí sin permiso de los autores. Lo cierto es que son un poco rácanos porque no ofrecen en su web ni una muestra del vídeo ni fotos de tamaño decente, no sé como esperarán que la gente se anime a pagar por él. En todo caso, este es el enlace oficial.




jueves, 22 de agosto de 2013

Dominación erótica

Para amenizaros un poco las vacaciones a los que las tengáis, os propongo algún que otro vídeo no tan fetichista y especializado como suelo poner y más próximo al porno generalista, es decir, con un chico dominante guapo dando azotes, probablemente como preludio a algo más.

Este primero es de Red ass twinks y gustará mucho a los fans de los suspensorios, un fetiche típicamente norteamericano pero que en todas partes tiene sus adeptos:



Y este otro de un chico blanco dominado y zurrado en la cama por uno negro. A ver si intento poner algo más de spanking interracial en el blog. Esto es de la página Dudes fetish.



Si queréis ver otros vídeos de zurras sexys o de sexo con azotes, hay muchos enlazados desde Gay male tube. Ojo porque spanking the monkey quiere decir hacerse una paja en inglés americano, por lo que algunos de los vídeos catalogados como spanking no son azotainas sino masturbaciones.

jueves, 15 de agosto de 2013

Nick Moretti

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

lunes, 5 de agosto de 2013

El regador regado

Las azotainas en las películas son tan antiguas como el propio cine, y nunca mejor dicho porque la primera película de ficción de la historia, realizada por los hermanos Lumière, incluía una azotaina de un jardinero a un aprendiz traviesillo que le gastaba una broma. Se trata de El regador regado de 1895. En años recientes, el festival de cine de Venecia ha recreado la escena en su trailer publicitario. En el cortometraje original el actor es el jardinero real de la familia Lumière mientras que el chaval era un aprendiz de electricista de la fábrica. Ha sido el director italiano Ermanno Olmi el encargado de realizar el remake, cuyos actores desconozco.