miércoles, 27 de febrero de 2013

Curso del 65

Me queda todavía por publicar una escena de spanking que me gusta mucho. Se trata de una comedia dramática de los 80, que en inglés tiene el simpático título de Heaven help us, que el cielo nos ayude, pero en español la tradujeron por un mucho más soso Curso del 65. Es una de las joyas del subgénero de disciplina en un colegio religioso de chicos y no podía faltar en un blog como este.

Mi primera escena favorita  tiene lugar en torno a los 4 minutos de este video, en el que uno de los hermanos profesores explica que detesta la violencia y prefiere en su lugar emplear la paciencia para resolver los problemas. Pero la paciencia es una gran pala de madera tradicional en los colegios de Estados Unidos y el hermano un tanto sádico la usa con deleite sobre las manos de Andrew McCarty, un actor de la época con una encantadora cara de niño bueno. Lo que más me gusta no son los palmetazos (los golpes en la mano me dan más bien mal rollo) sino que luego Andrew y otro compañero se tienen que quedar después de clase castigados de rodillas y con los brazos en cruz en el despacho del director (minuto 6).


Aunque el morbo de los chicos guapos sumisos con uniforme justifica sobradamente ver la película, la guinda viene al final cuando, tras una travesura tan gorda como robar la cabeza de una estatua del patrón del colegio, varios de ellos reciben por turno unos buenos azotes con el cinturón (a partir de los 5:30 minutos), aunque por desgracia Andrew McCarty se libra.



martes, 19 de febrero de 2013

Friends: al jefe le gusta dar palmadas

Imagino que recordáis la famosa serie Friends. Pues hay un episodio que tiene no una escena de azotes sino toda una trama basada en las palmadas en el culo que al jefe de Chandler, uno de los personajes, le gusta dar a sus empleados, un equipo íntegramente masculino. Es el capítulo 24 de la tercera temporada. 

Chandler se convierte en el favorito del jefe y el que más azotes recibe, para envidia de sus compañeros, pero el muy tontorrón no está contento y se queja. Lo mejor es que al final no le gusta ser el único del equipo que no recibe azotes; el jefe se da cuenta de lo que el muchacho está pidiendo a gritos y se lo da. No, de verdad que yo no escribí el guión, aunque lo parezca. Si el guionista no es un spanko, seguro que lo es quien ha montado un vídeo con las mejores escenas del episodio y lo ha subido a YouTube; lo que pasa es que no me deja insertarlo en el blog, así que me limito a enlazarlo: http://youtu.be/J9_Bd_qYcU8 

viernes, 15 de febrero de 2013

Dreams of spanking

Sé que algunos lectores son aficionados al spanking hetero y hacen alguna excepción adentrándose en las zurras entre chicos en este blog, cosa que me halaga. Yo también curioseo a veces en el spanking hetero, en el que a veces encuentro producciones muy cuidadas y spankers estrictos muy atractivos (no es que no los haya en el spanking gay, pero ya sabéis que aunque lo tengamos todo siempre buscamos algo nuevo).

Es muy raro encontrar intersecciones entre los dos mundos, es decir, actores que a veces azoten a chicos y otras a chicas; siempre me ha parecido una pena y por eso he celebrado ver este vídeo en Dreams of spanking, la página de una traviesilla llamada Pandora Blake, que normalmente ofrece escenas de spanking m / f (hombre azotando a mujer), f / m (mujer a hombre) o f / f (mujer a mujer) pero a la que también le gusta ver a un chico guapo zurrando a otro. 

En Caning practice, que podéis ver aquí, podemos ver a un chico redondito y encantador, como a mí me gustan, que se hace llamar Michael Darling y que en otros vídeos recibe azotes de su novia, pero que aquí, el muy travieso, experimenta con otro chico jugando a darse con la vara. El director del colegio, ante tanta travesura, decide poner orden y enseñar a los dos gamberretes lo que son unos buenos azotes al estilo inglés. El tal director le calienta en otros vídeos el culito a Pandora, la webmaster, pero aquí no tiene ningún reparo en jugar también con chicos, lo cual le honra.


video

sábado, 9 de febrero de 2013

Los invencibles

Gracias al comentario de un amable lector, he podido descubrir esta estupenda escena de azotaina paternofilial que no conocía de la serie canadiense Les invincibles, sobre un grupo de veinteañeros inmaduros, que se emitió entre 2005 y 2009. El protagonista, si lo he entendido bien, ha sido despedido y le han quitado para siempre la licencia para efectuar su trabajo. Papá hace gestiones para resolver su problema pero decide castigar al chico, sin importarle que sea ya un hombre casado. Lamentablemente no llega a cumplir su amenaza de bajarle los calzoncillos, pero la escena es impactante, y el padre es un muy buen actor. 

sábado, 2 de febrero de 2013

Reconocimiento en el colegio

Espero que os guste este simpático relato, obra de un lector del blog e inspirado en el mundo de Chiquitín, lo cual encuentro muy halagador. Hará las delicias de todos los que les gusten las historias de colegiales y de reconocimientos médicos. Para los puristas, aviso de que hay un personaje femenino, aunque secundario, en la historia. El dibujo que he elegido para ilustrarla es del gran artista spanko Jonathan.


RECONOCIMIENTO EN EL COLEGIO














Llegó como cada trimestre el reconocimiento médico. El Dr. Melgar era muy meticuloso y velaba por nuestra salud, si bien creo yo que era bastante pícaro y se le notaba que le gustaba explorarnos y vaya de que manera.


Nada mas entrar a su consulta pude ver a mis dos compañeros Alberto y Gonzalo subidos  sobre sus camillas, desnuditos, a 4 patas con los culos en pompa y el termómetro en su ano. Estaba algo colorados pues la enfermera Julia se movía por la consulta como si nada, y al pasar a su lado sonreía  e incluso a Gonzalo le dio una palmada en el culete a modo de ánimo. Se les veía graciosos en esa postura, con los huevetes y la pilila colgando, todo ruborizados y con el termómetro  incrustado. Bueno, gracioso, glup , pronto me tocaría a mí, pensé. Me senté en al silla y el doctor me realizó preguntas sobre mi estado de salud, alimentación, hábitos  e incluso sobre si me masturbaba habitualmente y si me excitaba viendo a mis compañeros. Yo me ruboricé como un tomate. Estaba claro que me había pillado. El se sonrió e insistió. Tuve que reconocer que si, que a menudo, y también que si, que a veces me excitaba ver desnudos a los demás chicos, sobre todo cuando recibían una azotaina de algún profesor. Ay ay ay , replicó el doctor. Me mandó despojarme del pantalón, zapatillas y calzoncillo. Obedecí, pues no me quedaba otra. Con el culete al aire, y con la vista de mis dos compañeros en esa postura no pude disimular mi erección. Mi pilila estaba bastante tiesilla. El doctor, llamó a la enfermera Lucy y enseñándole mi estado de excitación y rubor, ambos rieron . Pensaba que eso era buena señal, pero no, no lo fue. El doctor le pidió a la enfermera Julia que le trajese el cepillo de pelo. Mal asunto pensé., dicho cepillo era famoso en el colegio, tanto el doctor como la enfermera lo usaban con frecuencia en lo que llamaban terapia de choque .


Pronto estuve en las rodillas del doctor, si bien antes y para acrecentar mi vergüenza me colocó la pilila que estaba tiesa de la forma adecuada para poder estar, confortable en la azotaina. Inicialmente fue la fuerte mano del doctor la que acompasadamente cayó sobre mi pobre culete, repartiendo bien los azotes en mis dos  blancas nalgas hasta adquirir lo que él llamó un saludable color rojizo. Entonces paro un par de minutos en los que me habló sobre la importancia del autocontrol sobre uno mismo y el no abusar de “manualidades” y ocupar así la mente en algo instructivo. Menuda charleta. La simpática enfermera entonces le acercó el temible cepillote, que había curtido por lo visto varias generaciones de culetes de traviesos colegiales. Picaba de lo lindo, y era difícil aguantar en al postura exigida. Tuve que aspear a veces las piernas  para evitar el escozor. Terminada la tunda me ordenó levantarme e instintivamente di unos brinquitos llevándome las manos al culo para sobármelo. El doctor tuvo al gentileza de dejarme hacerlo y debía ser divertido verme así viendo como mi pilila se movía con los saltitos mas aún cuando sin poder evitarlo  quizá por el calor de la zona seguía algo tiesilla, bueno solo a medias.


El doctor pidió entonces  a la enfermera Julia que me diese algo de crema fresca, y colocándome ella sobre su regazo, con su dulce mano me aplicó la crema a conciencia. Separaba mis nalgas y aprovechó para lubricarme el ano, dijo que para poner luego mejor el termómetro. Ni que decir tiene que seguía ruborizado hasta la orejas. Al acabar y con mi culito también bien rojo, me hizo desnudar del todo y me  colocó en la tercera de las camillas como a mis compañeros, y separando mis cachetes introdujo el termómetro anal, indicándome esperar mi turno. El Dr. Melgar se acercó y tras comprobar que Gonzalo  tenía una correcta temperatura, palpó su culete y su escroto, haciendo un gesto como de pensar, mmm buen potrillo, parece sano, y con una palmada en el culo le ordenó bajar de la camilla.  Gonzalo bajo y se colocó delante del Doc, que se sentó en una silla delante de él. Agarró su pilila y le dijo que  comprobaría su salud sexual. Manipuló sabiamente la picha de mi compañero poniéndola bien larga y gruesa.


Mandó entonces traer a la enfermera una escudilla pequeña metálica para las muestras, Julia la colocó esperando que el hábil trabajo del doctor diese sus frutos. Gonzalo estaba muy excitado y no tardo en surgir de su sana pilila un torrente blanco y cremoso, recogido por Julia  de inmediato. Tras ello la enfermera con una toallita higiénica limpió el agradecido miembro de Gonzalo y con una palmada en el culo le mandó a vestirse. La misma operación se le realizó a Alberto, si bien en este caso el doctor indicó a Julia que fuese ella la que manipulase la pilila, pues sabían que Alberto era muy aficionado a las chicas y que eso le produciría mayor excitación lo cual beneficiaría la calidad y cantidad de la muestra. Ni que decir tiene que fue también muy efectiva y con las hábiles y dulces manos de Julia, Alberto se corrió como nunca. Cuando llegó mi turno y después de la consabida lectura de temperatura y sobeteo de los huevetes y del escroto, de separarme las nalgas para comprobar el tono de mi esfínter con su dedo, y exclamar que era un protrillo muy sano,  el doctor procedió como con Gonzalo a extraerme la muestra ayudado por al experta Julia. Menuda corrida tuve, estaba como una moto y casi llenó la escudilla. Tras limpiarme con la toallita, Julia con la consabida palmada me envió también a vestirme. 


Esa noche en la habitación aún excitado, desobedecí al doctor y me hice una pajilla recordándolo todo. Pero no se lo digáis al doctor ehhhh.
Traviesete (primo de Chiquitin )